Deja Vu, Gustavo Cerati
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Mágico, Gustavo Cerati
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Ford Fairlane Grand Torino 1974 |
Llevar el control de un Ford Grand Torino a 40 kilómetros por hora teniendo apenas siete años era lo mejor que cualquier otro niño podría haber hecho… me consideraba lo más parecido a Shumager, Alonso o al venezolano Pastor Maldonado. Luego de algunos años… creo que tenía 12 o 14 años me posicionaba como “el dolor de cabeza” de mi papá. Todo lo que quería era manejar, me creía ya un adulto, un adulto que toma Toddy… ¡oh que adulto! Llegar a casa de mis abuelas con las llaves del Fairlane Torino en la mano me daba aires de grandeza, aunque detrás viniera mi papá regañándome por haber caído en uno, dos, tres o cuatro huecos, algo que todavía hago, a pesar de los 21 años que tengo.
Creo que la adicción a la velocidad nace cuando, por primera vez, tomé bajo mi responsabilidad un carro, uno en el que podía controlar el volante, el acelerador, luces y de vez en cuando los frenos… Era un Mitsubishi Lancer GLX que papá había comprado, para mi uno de los mejores carros, versátil y cómodo. Un día llegó “ese día”, manejar un trayecto largo en “mi Lancer”. Mi papá (como verán responsable de mi gusto por manejar) me dijo que tenía que “ser más hombre detrás de un volante” y después me dijo: “Te llevarás el carro hasta Punta de Mata, tu solo”. Yo no lo creía, pero así fue, manejé un largo trecho, 40 o 50 kilómetros , una hazaña para un chico de mi edad, 14 años.
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Cortesía: Google. Profesional Rally, Sidney 2010 |
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Cortesía: Gustavoceratimusica.com.ar |
Le doy gracias a Dios por ser mi acompañante eterno mientras estoy detrás del volante, él no habla, no se manifiesta, pero está… ha sido desde los siete años el mayor y más importante copiloto. No suelo pensar mucho en ciertas y curiosas cosas, pero confieso que las veces en que la música se apodera de mi pasión por la velocidad, un coctel perfecto para la muerte, Dios escoge ese momento para que mi pies resbalen del acelerador, evitando así que la velocidad pase los 160 kilómetros por hora. No lo entiendo, pero si es por mi bien, que nunca me abandone este gran acompañante. Igual le pido me conceda la oportunidad de conducir en un rally profesional, pero que esa vez me deje alcanzar la velocidad máxima… ojala los 250 o 300 kilómetros por hora… Por los momentos dreno esta adicción por la velocidad a través de un blog... cosa que estoy considerando un vicio, no tan peligroso.
Me tomaré la atribución de agradecer a mi maestro, mi padre, Freddy Marcano, por enseñarme, las veces que pueda, aquellos detalles para que “un buen conductor tenga éxitos en la carretera”… aunque siempre refuto diciéndole que “cada quien maneja de manera distinta, paciencia y más paciencia viejo…”
Al resto de los lectores, pueda que la velocidad en exceso sea un peligro, pero usar cinturón de seguridad y poner a funcionar la conciencia es un respaldo para disfrutar esas “adicciones” de la vida… así lo veo.
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